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09/02/10
02/10/09
No es que quiera contar nada por contar, que ya no me aburro. Pero, joder, estaba andando por Rosselló como mucho rato, porque Rosselló es increíblemente largo y yo quería andar. Y hay veces que quieres andar, ves que nada te lo impide y andas. Andas, andas y luego sigues. Y sigues sólo para sentir que puedes hacer lo que te de la gana en todo momento, que así tiene que ser, y qué bien que por fin no te doblegues y que seas tú, y que andes y andes, porque te da la puta gana. Decides. Decides decidir, y seguir decidiendo. Decides que decides, decides eso. Eso. Qué buen año vas a tener cabrón. Joder ahora que sé tomar decisiones es mi momento y no se va a escapar ¿Cómo coño se me va a escapar? Notas que de ayer a hoy te ha crecido el cerebro 2 tallas. Y digo el cerebro porque es lo que se dice, pero me cuesta creer que sea eso, que no haya chinitos que lo piensen todo y lo escriban muy pequeñito en el blanco de los ojos, muy pequeñito, muy. Y las venas como chorros de tinta que lo inervan todo, como el índice que te lleva todas partes para que todo se lea siempre, y todo se lee, nada se escapa. Todo son letras. tick, tick, tick, tick. Todo lo que me late son teclas que aprietan, palabras que se teclean. Print, Send, Guardar como…, Mis Documentos. Hombre que no. Y hay marineros que reman en las costillas, venga remar, venga remar para moverlo todo.
Pero, joder, estaba andando por Rosselló, bajo la vista y pam. Me encuentro un sobre en el suelo, dorado tipo Willy Wonka.
03/08/09
Guía para conocer a James McCullough
James McCullough es un tipo de esos que te puede recordar a un tipo muy gracioso que tú conoces. Qué gracioso es Mark. A veces también te puede recordar a un tipo muy listo que tú conoces. Qué listo es Derek. Puede que te recuerde a un tipo muy guapo que tú conoces. Qué guapo es John. Puede recordarte a un tipo muy amable que tú conoces. Qué amable es Richard.
Pero entonces le conoces mejor y ves que es casi gracioso, casi listo, casi guapo y casi amable. Que es casi Mark, casi Derek, casi John y casi Richard. Cuando la gente se da cuenta de eso se horroriza, se decepciona, mueve los brazos como si no hubiese luz y no para hasta encontrarse con otros brazos que se mueven de igual manera. Se agarran de los brazos, se giran lentamente, le dan la espalda y cuchichean cosas como “¿qué enfermedad tiene?”
No sé si me explico bien, y me importa explicarme bien. James está crudo. Pero un crudo por dentro, no por fuera. Crudo que decepciona cuando lo pruebas, ya que a simple vista no parece crudo, parece muy rico. Bueno, no sé si crudo es la palabra, porqué cuando una cosa está cruda te das cuenta al primer bocado, y sólo piensas ‘vaya está crudo’. Lo de James es diferente. Si James fuese un plato la gente no sabría cómo reaccionar al probarlo. Se mirarían, mirarían al plato y se quedarían mudos. Dependiendo del nivel de educación de los comensales, al cabo de un rato algunos dirán ‘sabe raro’ y otros ‘qué coño es esto’. James es algo así como una croqueta de helado de gambas, que huele a té, que es crujiente y lila por dentro. Raro.
Lo que os voy a decir ahora es la mejor teoría que tengo sobre James McCullough. Hace 2 años empecé a trabajar con críos de 11 y 12 años. Cuando conoces de repente a 50 críos de 11 y 12 años, siempre hay 1 o 2 que te sorprenden, porque ves que van a ser listísimos y grandes personas, que podrán hacer cualquier cosa con su vida. Entonces los miras a los ojos, y te acojona que se puedan ver todas las cosas de las que serán capaces, y que todo eso se vea de una forma tan clara cuando tan sólo tienen 12 años. Te da una especie de vértigo de haber conocido a una cosa tan pequeña y estar tan seguro de que va ser tan grande. Lo que digo es sólo una suposición, porqué no conocí a James hasta sus 18, y quien sabe si siempre fue así, pero me da la impresión que James fue un crío que iba a ser enorme. Grandioso. Estoy seguro. Pero que en algún momento se dio cuenta, vio todo lo que podía esperarle y le dio vértigo. Vértigo de no ser capaz de aprovechar todo eso, de equivocarse y de escoger mal. Y después le dio miedo de no llegar a ser lo que esperaban que fuese y entonces miedo de esperar demasiadas cosas para sí mismo. Y cada cosa que hace le da un miedo terrible, y da un paso hacia delante y entonces dos vueltas, un paso hacia atrás y mil saltos. Todo para despistar. Y que nadie se de cuenta que no puede avanzar.
12/04/09
10/03/09
23/10/08
-¿Alguna voluntaria entre el público?
Yo alcé la mano inmediatamente. Llevaba puesta mi blusa blanca, que ese día me sentaba mejor que nunca, y eso me hacía sonreír, estaba realmente guapa. Y me señaló con su dedo, enfundado en un guante blanco, me levanté de la butaca y me dirigí hacia el escenario. Me paré frente a las escaleras porque tenía miedo de no poder sonreír y subirlas al mismo tiempo, caer habría sido un gran bochorno, así que miré a los escalones y los subí, los cinco, con paso firme pero sonrisa tímida. Yo quería ser actriz aunque nadie lo sabía, me daba vergüenza decirlo. Me hizo preguntas, yo las contesté sin saber muy bien que decía, estaba más pendiente de los focos y las risas que de cualquier otra cosa. Sin saber cómo, alumbrada por la escena, le dije que quería ser actriz y que por esa razón había subido al escenario, acto seguido me ruboricé muchísimo y aceleré las cosas para poder meterme en la caja lo antes posible.
Al principio era negra completamente, pero cuando mi vista se acostumbró vi múltiples ranuras alargadas en los costados, por donde pasaba ligeramente la luz del escenario. Aquella caja me gustaba, aunque hubiese una trampilla en el fondo y estuviese forrada con tela de disfraz, estaba muy bien conseguida y he de decir que, desde platea, parecía realmente de terciopelo azul. Empujé ligeramente la trampilla pero no quise salir de la caja. Me quedé esperando, disfrutando del escenario, y pensando en lo que iba a decir cuando abriese la caja. Quería decir «ha sido un placer, muchas gracias» y poner esa sonrisa de las fotos.
Pero de pronto me atravesó, de costado a costado, un sable. Me sorprendí tanto que no tuve aliento para gritar. Me dolía increíblemente pero no pude. Pensé que no era cierto y que era cosa de magia, que quizás era él era el mejor mago del mundo. Entonces, más relajada, me puse a pensar por dónde me había atravesado el sable. Pensé en células, rojo, órganos, músculos, vísceras, pensé por dentro. Después pensé en las series de médicos y en la gente que repite lo que ve por la tele. Y en ese señor que conocí, que decía que el jamón se tiene que cortar muy finito porque así libera mejor sus ácidos grasos poli y monosaturados; cosa que me parecía tremendamente estúpida. Entonces reí, me imaginé a todos mis ácidos grasos gordinflones, riéndose con sus manitas sobre sus panzas y eso me izo reír aún más. Entre carcajadas, llegó: el segundo sablazo.
Esta vez fue a la altura de las rodillas, desde la izquierda. No fue una herida certera como la primera, el filo debió encallarse entre los huesos de la izquierda y no llegó a la derecha. Mi madre siempre me dijo que tenía las piernas muy huesudas. Él, al ver que no podía acabar de clavar el sable, se apresuró a abrir la caja. Nervioso, intentaba desatar las correas que me encerraban lo más rápido posible, torpemente y de espaldas al público, que cuchicheaba y se removía en sus asientos. Al fin consiguió abrir la caja y me vio; su cuerpo ocultó el mío por unos segundos, hasta que cayó desmayado ante mí, formando un ángulo recto con mi cuerpo y su caja. La caída a plomo del ilusionista habría provocado un estruendo tremendo sobre el suelo de madera del escenario, pero se ahogó entre esa aspiración característica que hace al público al ver a una persona, sableada y media, sobre el escenario, con una blusa blanca y sangre. Después, el silencio. Ahí respiré, cogí aliento, miré al público a los ojos y grité tan fuerte como pude todo el dolor. Sé que fue un grito desgarrador.
Ellos aseguran que dije « ¡Tachán! », como si hubiera concluido la función. Y aplaudieron y se alzaron. Aplaudieron mucho, como a las grandes actrices, hasta darse cuenta que ni él se levantaba ni yo ponía la sonrisa de las fotos. Entonces volvieron a hacer esa aspiración característica y llamaron a una ambulancia.